Conozco muy bien la zona de Los Gallardos. Por eso sé que la luz de Almería tiene un poderoso magnetismo para quienes aman el sosiego de una vida sin prisas. Sin embargo, bastaron apenas unos minutos para que el viento y un calor abrasador transformaran esa luz en las tinieblas del infierno.
Este julio me devuelve inevitablemente al trágico agosto de 2022 en las montañas alicantinas. Son incendios distintos en su dimensión y consecuencias, pero idénticos en su capacidad para recordarnos la fragilidad de nuestro territorio. En Alicante, el fuego devoró más de 12.000 hectáreas, el doble de la superficie calcinada ahora en Almería, que ha escrito la página más cruel con una tragedia que se ha cobrado trece vidas humanas.
El escenario se repite. Paisajes abandonados a su suerte, cubiertos por una vegetación espontánea que crece sin gestión ni control, un combustible perfecto cuando llegan el calor y el viento.
Allí y aquí, los rebaños que durante generaciones mantuvieron limpio el monte forman parte de un recuerdo. También desaparecieron los pequeños agricultores de secano que, al cultivar olivares y almendros, creaban de forma natural auténticos cortafuegos y actuaban como los mejores custodios del paisaje.
Donde antes había agricultores viviendo y trabajando la tierra, hoy abundan viviendas dispersas ocupadas por residentes extranjeros que han encontrado en estos parajes un lugar privilegiado para vivir. Muchos desconocen los riesgos que entraña convivir cerca de una masa vegetal abandonada. El desenlace, por desgracia, ya lo conocemos: muerte, devastación y un paisaje reducido a cenizas. Terrible.
Ante esta realidad no bastan las promesas que resurgen tras cada desdicha. La única respuesta eficaz pasa por una gestión coordinada entre las administraciones y quienes aún mantienen vivo el medio rural para conseguir con los mínimos recursos la máxima acción preventiva.
Solemos repetir que los incendios se apagan en invierno. Una máxima que todos oímos pero que, por desgracia, también “olvidamos”.
Hace unos días se presentaba en Enguera el mayor plan de acción de prevención y extinción de incendios de la historia en la Comunidad Valenciana. Casi 300 millones de inversión: 170 para prevención y 130 para extinción. Pero este gran despliegue deja fuera a agricultores y ganaderos, a pesar de que todos sabemos que el mejor cortafuegos es un bancal cultivado y que la desbrozadora más eficaz y barata sigue siendo una cabra. Sin embargo, seguimos sin formar parte de la solución, cuando precisamente somos quienes siempre estamos, aunque cada día seamos menos.
También resulta difícil de entender que, en jornadas de riesgo extremo, se prohíba a un agricultor cosechar su cereal mientras la propia administración mantiene trabajando maquinaria de desbroce en las cunetas.
Hace unos días, en el incendio de Las Cinco Villas de Zaragoza, noventa agricultores con sus tractores ꟷde forma voluntaria, a su cargo y a riesgo de sus vidasꟷ, se lanzaron a hacer cortafuegos para proteger a los pueblos ante la falta de medios en las labores de extinción. Un gesto espontáneo que vecinos y pueblos han aplaudido.
Pero si de verdad queremos reducir el riesgo de incendios, agricultores y ganaderos deben estar plenamente integrados en los planes de prevención. Se les ha de conceder un rol activo y eso no pasa únicamente por dotar a los ayuntamientos de ayudas que acaban en manos de empresas de servicios ajenas al territorio. Nuestra presencia y trabajo en espacios especialmente sensibles constituyen un servicio ambiental de un valor incalculable que debe ser reconocido, coordinado con el resto de los dispositivos de prevención y, por supuesto, justamente remunerado.
Los incendios no empiezan cuando salta la alarma y despegan los hidroaviones. Empiezan mucho antes, cuando abandonamos el territorio y dejamos solos a quienes llevan generaciones protegiéndolo. Si no somos capaces de entenderlo, se repetirá el mismo drama, verano tras verano. Y la pregunta dejará de ser cómo evitarlo para convertirse, una vez más, en la única que nadie quiere responder: ¿dónde será el siguiente?


