La semana pasada, el Consell aprobó la declaración de Parque Natural de la Sierra de Escalona y la Dehesa de Campoamor, un espacio que incluye también la Sierra del Cristo, Pujálvarez y el embalse de La Pedrera. Son cerca de nueve mil hectáreas de Parque Natural y otras nueve mil de zona de amortiguación de impactos, que convierten a este territorio en uno de los espacios protegidos más extensos y diversos de la Comunidad Valenciana. Un territorio extraordinariamente singular, donde conviven frondosos bosques mediterráneos con la aridez más extrema del Levante.
Dentro encontramos cerca de 6.000 hectáreas de regadío altamente tecnificados y regados con aguas del trasvase Tajo-Segura, junto a otras 3.000 hectáreas de cultivos de secano, propios de nuestro paisaje más seco. Para quien nos visita por primera vez resulta difícil no quedar impresionado ante la imagen del gran lago de agua dulce que forma el embalse de La Pedrera, 1.300 hectáreas de humedal en medio de un territorio desértico, salpicado por islas verdes de limoneros, almendros y olivares.
Para los que allí hemos nacido forma parte de nuestra vida contemplar el vuelo de las águilas o el acecho del búho real. Pero todo el mundo ha de saber que este espacio no se conserva por casualidad, sino gracias al esfuerzo de agricultores y vecinos, especialmente los de Torremendo, que durante décadas han cuidado y defendido esta tierra.
Y aquí está la razón por la que la declaración de Parque Natural no despierta entusiasmo entre los vecinos, más allá de los dos o tres que se presentan como amigos de la sierra y pretenden hablar en nombre de todos sin representarnos.
Casi cuarenta años de lucha lleva Torremendo para impedir que este entorno se convirtiera en un vertedero manejado por la mafia de la basura, la misma que enterróilegalmente un millón de toneladas de origen desconocido sin ningún tipo de control en la zona norte de Orihuela, en La Murada. Aquella mafia fue juzgada y condenada, pero esos desechos permanecerán sepultados durante siglos para vergüenza de este municipio, del gobierno local y del autonómico de aquella época que, pudiendo haberlo evitado, no solo no lo hicieron, sino que lo consintieron.
Prefirieron mandar los antidisturbios a amedrentar a los pacíficos vecinos de Torremendo cuando protestaban para que no se abriera un vertedero ilegal a los pies de la Sierra y muy cerca del pueblo. Los delincuentes no eran ellos, sino quienes desde los despachos fueron cómplices de aquella barbaridad.
Durante más de mil días hace ahora treinta y seis años, hombres, mujeres, niños y ancianos hicieron guardia día y noche, con lluvia, frío y calor, a las puertas de un vertedero ilegal que, afortunadamente, nunca llegó a abrirse. Aquella movilización impidió que el negocio de las basuras echara raíces en nuestra tierra y degradara para siempre este valioso entorno.
Torremendo venció en esta pugna, pero tuvieron que ser los tribunales los que declararan la ilegalidad de todas aquellas actuaciones y, gracias a ello, el entorno de Sierra de Escalona se preservó y recibe ahora la declaración de Parque Natural.
El Consell sabe que tiene una deuda con quienes custodiaron el ecosistema, con quienes ya no están y con los jóvenes que siguiendo a sus mayores hacen de este pueblo su hogar y proyecto de futuro.
El Parque Natural no despierta entusiasmo porque el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) que lo acompaña puede convertirse en una nueva condena para el futuro del sector agrario, limitando el desarrollo económico y social mientras deja abierta, paradójicamente, la puerta a vertederos o industrias altamente contaminantes.
Esta pedanía necesita un impulso económico y necesita agua, que la tiene por derecho pero carece de las infraestructuras para que llegue a nuestros campos. Necesita servicios y necesita desarrollo. El nuevo espacio protegido nace sin presupuesto para definir estrategias de conservación, pero no es esa la amenaza más grave, sino el riesgo que corren las 6.000 hectáreas de regadío por falta de agua y las 3.000 de secano por abandono ante la falta de rentabilidad.
Tras treinta y seis años de batalla por la defensa de este territorio, que tenga claro el Consell que sin presupuestos de gestión, sin acuerdo con los vecinos y sin una agricultura rentable, no habrá conservación posible. El futuro del Parque Natural pasa, necesariamente, por el futuro de quienes lo han cuidado durante todas estas generaciones.


