La organización agraria junto a la Conselleria de Agricultura quiere responder con eficacia ante el cambio climático y las plagas, así como a las exigencias de los mercados. Es por ello que ha impulsado una iniciativa con la que pretende adaptarse a todas estas cuestiones. Y, de entrada, con tres productos tan emblemáticos en la provincia como la uva embolsada del Vinalopó, las cerezas y los cítricos.
Se trata de un proyecto consistente en la puesta en marcha de campos experimentales con los que se pretenden desarrollar variedades resistentes a la sequía, el calor y las enfermedades, y que al mismo tiempo tengan unas mejores características estéticas, de tamaño y sabor. De momento se ha empezado por la uva, con una plantación en Novelda dirigida a generar mutaciones de las variedades propias de esta zona.
El campo alicantino viene sufriendo en los últimos años auténticos estragos por culpa de un cambio climático que ya nadie niega. Las largas épocas de sequía combinadas con episodios de lluvias intensas, así como el intenso calor, han generado graves pérdidas al sector en los últimos años, en un contexto en el que todo apunta a que estas condiciones van a ser cada vez más extremas. Al mismo tiempo, los mercados reclaman cada vez más productos de unas determinadas características, que entren por los ojos y los paladares de los consumidores, lo que obliga a acometer un proceso de adaptación que abarque ambas exigencias.
En esa línea van los campos experimentales impulsados por la Conselleria de Agricultura y Asaja, en un proyecto que se ha iniciado en Novelda, con la uva del Vinalopó. De entrada, se han plantado 250 varetas de moscatel y otras tantas de aledo, a las que se sumarán próximamente la doña María y la red globe, con lo que se completarán las variedades de la DOP.
En cuanto a la investigación que se está desarrollando, José Antonio Cazorla, de Cazorla Novelda Fruits, señala que las viñas están siendo sometidas a irradiaciones, con la finalidad de que puedan generar mutaciones genéticas en las yemas. «El objetivo -indica- es conseguir que en alguna de ellas se desactive el gen de la fertilidad, lo que nos permitiría producir uvas sin semillas». Un sistema a pie de campo y lejos de lo que se conoce como ingeniería genética en laboratorio, que no está permitida.
Y todo ello, añade, «buscando también plantas más resistentes a las cada vez más exigentes condiciones climáticas, además de granos de uva grandes y de buen sabor y aspecto».
En lo que respecta a las cerezas, José Vicente Andreu señala que el modelo que se está implantando en España, caso por ejemplo de Aragón, es el de plantaciones extensas y mecanizadas, frente a las pequeñas plantaciones de montaña que imperan tanto en el Valle del Jerte como en la provincia de Alicante, donde el cambio climático también está causando estragos por el aumento de las temperaturas.
En este sentido, y con el apoyo también de la Diputación, se van a recuperar en la próxima campaña los campos de ensayo existentes tanto en Planes como en la Vall de Gallinera para experimentar con variedades que ya se plantan en Aragón y Murcia. «Queremos ver cómo se adaptan, consiguiendo al mismo tiempo que haya un tiempo de recolección más amplio que el actual, donde los agricultores lo fían todo a unas pocas semanas en que unas lluvias pueden arruinar la cosecha. Y todo ello intentando cambiar de modelo».
El campo experimental de los cítricos, por último, se va a situar en la Vega Baja, previsiblemente el próximo año, también con la finalidad de experimentar con variedades ya existentes en el mercado de limones, mandarinas y pomelos. El objetivo principal, también con la colaboración del IVIA, es el de encontrar patrones resistentes a plagas como la que ya afecta a la zona, la clorosis nervial amarilla, y sobre todo al HLD, que está arrasando plantaciones en Estados Unidos y Brasil. Todo ello, enfatiza Andreu, adaptándose a los terrenos salinos y con poca agua del sur de la provincia



