Pese a las buenas expectativas de los primeros años, que permitieron que se ganara en superficie cultivada de bombón en el Parque Natural del Marjal de Pego-Oliva, las cosas se han torcido y este año no se segarán las 40 hectáreas cultivadas. El problema está, principalmente, en la calidad de la semilla de siembra. El impulsor del proyecto de recuperación del arroz bombón en Pego, el ingeniero agrónomo y agricultor local, Vicent Dominguis, se confiesa «desilusionado».
En 2014 se iniciaba el proyecto de recuperación del arroz bombón en el Parque Natural del Marjal de Pego-Oliva, se hacía, entre otras cosas porque se trata de una variedad autóctona de la marjal de Pego con unas características excepcionales, dado que se trata de una variedad muy sabrosa.
Aquel proyecto nace con la implicación de Pego Natura, la SAT Les Tanques, ASAJA Alicante y la colaboración de la Diputación de Alicante y el IVIA. Para el ingeniero agrónomo, agricultor local e impulsor de la iniciativa, Vicent Dominguis, «recuperar variedades antiguas y locales es un proyecto agronómico muy bonito» y recuerda que estamos hablando de una variedad, el bombón, que «fue muy famosa en el siglo pasado« , lo que aporta una diferenciación por la cual se está dispuesta a pagar algo más por su singularidad.
Los frutos de dicho proyecto se daban a conocer tres años más tarde, en 2016 en el palacio provincial de Alicante. Entre los objetivos del proyecto de recuperación del arroz bombón estaba obtener semilla certificada un hito que se logró en 2017.
Este paso es clave porque «la semilla certificada» informa de que el arroz tiene una base agronómica buena para su cultivo porque «es el 99% de la variedad que se quiere cultivar, tiene una buena germinación, está libre de plagas, de enfermedades y de semilla de malas hierbas como el serreo y el arroz salvaje». Además, la certificación abre la puerta a poder optar a las ayudas de la PAC. Explica el ingeniero agrónomo, Vicent Dominguis, que en aquel entonces la Conselleria de Agricultura trató directamente con la empresa para que certificara la semilla de bombón. Una certificación que corrió a cargo de Copsemar.
Ese año, durante la segunda y última fase del proyecto, se distribuye gratuitamente semilla certificada entre los ocho grupos arroceros de la zona y se comercializan más de 3.000 kilos de arroz bombón, obtenidos de los 6.000 kilos de cosecha en bruto -grano sin pelar- de esa primera temporada.
Cambio de ciclo
Desgraciadamente, a pesar de las buenas expectativas de los primeros años, que permitieron que se ganara en superficie cultivada de bombón en el Parque Natural del Marjal de Pego-Oliva, las cosas empezaron a cambiar . Y el problema ha venido principalmente por la calidad de la semilla de siembra . Ésta ha ido empeorando, tanto que «la última semilla certificada que nos vendieron el pasado año no estaba en condiciones», explica Dominguis.
Esto ha provocado que este año la cosecha de arroz bombón, unas 40 hectáreas, se quedará sin segar: habían sembrado para intentar salvar la variedad, pero no ha salido bien: no germinó bien y crecieron malas hierbas en los campos en los que estaba el bombón.
Nuestro representante de la sectorial de Alicante tiene la sensación de que la recuperación del bombón no tuvo buena aceptación en la zona arrocera de Valencia porque se percibía como competencia y no como la oportunidad que supone diversificar el producto. Una circunstancia que está convencido de que ha contribuido a la quiebra del bombón porque este año no sacarán ningún beneficio económico de las 40 hectáreas sembradas de bombón. Esto significa que tendrán pérdidas porque el cultivo comporta una serie de gastos que no se recuperarán .
Características del Marjal de Pego-Oliva
El marjal de Pego-Oliva presenta un agua con alta salinidad lo que provoca que «no todas las variedades comerciales se puedan cultivar» con éxito . Por eso, apunta Dominguis, hay que «buscar variedades tolerantes» para que no afecte a la producción. La otra batalla del sector arrocero es «la regulación fitosanitaria» porque es muy restrictiva y no les permite competir con otros países productores que sí pueden utilizarlos. Por eso piden «alternativas» que impriman competitividad al sector.



