Después de la campaña de oliva del año pasado, que fue desastrosa como consecuencia de la sequía, las cosas han cambiado de manera radical este ejercicio merced a un incremento de la cosecha de nada menos que el 70 %, lo que ha permitido alcanzar los 60 millones de kilos de aceitunas en el conjunto de la provincia. Una cantidad que ha tenido su traducción a nivel de cifra negocio, dado que se han podido alcanzar los 46 millones de euros de facturación en un contexto en el que los precios están volviendo a la normalidad tras las fuertes subidas registradas en 2023.
El sector olivarero de la provincia de Alicante vive inmerso en una secuencia continuada de altibajos. Así las cosas, los productores de aceite de la provincia, no tanto los consumidores, vivieron en 2023 un año extraordinario, dado que después de varias campañas negativas, la baja cosecha que se registró en Andalucía propició que los precios se disparasen, hasta alcanzar niveles tres veces superiores que los que se habían manejado hasta la fecha. De eso se aprovechó el territorio alicantino que, al contrario que el andaluz, recolectó más de media cosecha, lo que generó unos rendimientos económicos elevados.
Y de ahí a justo todo lo contrario, dado que un año después los acontecimientos se desarrollaron a la inversa. Y es que mientras en Andalucía la producción aumentó de manera exponencial, la sequía registrada en la provincia propició que apenas se pudieran recolectar 20 millones de kilos de aceitunas, lo que impidió que pudiesen aprovecharse de unos precios que continuaban siendo bastante elevados.
Pues bien, tras estos altibajos, la situación ha tendido a normalizarse en la actual campaña. La cosecha, de entrada, ha sido mucho mejor que la del año pasado, concretamente un 70 % superior, lo que ha permitido alcanzar los 60 millones de kilos en el conjunto del territorio alicantino. ¿La razón? José Miguel Ferrando, de la Almàssera de Millena, lo atribuía, por un lado, «al comportamiento cíclico del cultivo, que propicia que a un año de baja cosecha le suceda otro de mayor producción, y por otro, a las lluvias, que han sido más generosas y han caído en momentos clave para el cultivo».
Los rendimientos, por otro lado, han sido bajos, pero la calidad del aceite ha alcanzado niveles elevados, debido a que las aceitunas han llegado a la época de recolección sanas, habida cuenta que no se han registrado problemas de plagas».
Eso por el lado de la producción. En lo que respecta a los precios del aceite, han ido a la baja a lo largo de estos últimos meses, se podría decir que recuperando la normalidad tras los fuertes incrementos registrados en 2023. En plena campaña de producción del aceite de oliva virgen se han estado pagando en origen alrededor de los 4,5 euros, habiendo bajado en estos momentos hasta los 4. Una cotización que, evidentemente, contrasta con los 9 euros que llegaron a cobrar los productores cuando se alcanzaron los máximos citados.
Esas diferencias también se están dejando notar para los consumidores, dado que en las tiendas y supermercados el aceite se cotiza ahora a partir de unos 5 euros (un poco inferior en el caso de algunas marcas blancas), cuando en su momento llegó a dispararse hasta los 12 euros.
Con todo ello, Hugo Quintanilla, productor de la firma Señoríos del Relleu y representante sectorial de Asaja Alicante, señala que «la bajada de los precios ha sido notable y a mayor velocidad de la esperada, aunque aun así nos hemos movido dentro de la rentabilidad». Algo a lo que también ha contribuido, de forma decisiva, la buena cosecha obtenida en la provincia de Alicante, mejor que la de otras zonas productoras, como la andaluza, en la que ha habido pérdidas como consecuencia de la sucesión de temporales registrada en los últimos meses.
Aranceles
Desde el sector, por otro lado, señalan que la guerra arancelaria promovida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apenas ha tenido incidencia entre los productores de aceite de la provincia, habida cuenta que las exportaciones al país norteamericano son prácticamente testimoniales.
Otra cosa son las quejas generalizadas por las políticas europeas, y no solo por parte del aceite de oliva, sino de la agricultura en su conjunto. Sobre todo en lo que respecta a los recortes en las ayudas comunitarias procedentes de la Política Agraria Común (PAC) y a las inquietudes que despierta el actual acuerdo con Mercosur, por lo que puede implicar a nivel de la entrada de productos que no tienen que hacer frente a las mismas obligaciones y restricciones.
Fuente: Diario INFORMACIÓN
