Martes, 21 Mayo 2019 09:41

La agricultura se la juega en Europa

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Con la resaca aún presente de las elecciones generales, los ciudadanos españoles tenemos otra cita con las urnas el próximo 26 de mayo: las elecciones al Parlamento Europeo. En estos terceros comicios, menos ruidosos que los generales, los autonómicos o los municipales, hay que recalcar que la agricultura española se juega mucho, ya que una parte muy importante de la política agraria está dictada por Europa.
Es por ello que todos los ciudadanos, pero, especialmente, el sector y los profesionales agrarios, deben pasar a la acción y dejar de pensar que esta cita electoral no va con ellos, dando una respuesta masiva y contundente. Una respuesta que debe ir encaminada a desmantelar el cementerio de elefantes de europarlamentarios españoles que se han afincado en Bruselas, con la tarea de calentar un sillón y cobrar sueldos estratosféricos. Tenemos que enfocarnos en buscar candidatos jóvenes, enérgicos, preparados, con ilusión, comprometidos, dispuestos a estar siempre en la toma de decisiones, en las comisiones donde se debate nuestro futuro, en los corrillos donde la agricultura española siempre es la moneda de cambio en beneficio de intereses espurios.
Y es que, los políticos que nos representen en la Unión Europea tienen que ser primeros espadas, tenemos que llevar a los mejores candidatos, como hacen Francia o Italia. Políticos que se erijan como los protagonistas, porque en el sector agrario lo somos. No lo digo yo, lo dice la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que afirma que España es el país que más frutas y hortalizas produce de la Unión Europea y ocupa la novena posición de países productores del mundo.
Con todo esto, a continuación, detallo los deberes que tendrán que llevar a cabo los dirigentes españoles que nos representen en el Parlamento Europeo y que son de vital importancia para la agricultura española y su principal área productora de frutas y verduras, el levante español.
Para empezar, la premisa más importante y desde la que debe partir cualquier acción en Europa, es la de conseguir una estructura legal de mercado que garantice unos precios justos para el sector productor (agricultores y ganaderos). Sin esto, la agricultura europea no podrá seguir siendo un sector estratégico que crece y es ejemplo de seguridad, competitividad y sostenibilidad. Solo corrigiendo está brecha, que tenga en cuenta el valor de las producciones y la necesidad de que el profesional agrario obtenga una rentabilidad, podremos seguir disponiendo de: alimentos sanos, de calidad, frescos y naturales; garantías de un relevo generacional; una actividad agraria y dinámica capaz de generar empleo y riqueza; una seguridad alimentaria hacia los consumidores y un paisaje y un medio ambiente que invite a fijar a la población en las zonas rurales.
Para conseguir estos precios justos en origen, es preciso que se trabaje en los siguientes puntos:
1. La UE debe dotarse de mecanismos de reacción urgente y eficaz que provean unos niveles mínimos de estabilidad de precios y rentas para todos los productores.
2. La producción es el eslabón más débil. Depende de la climatología y la volatilidad de los mercados internacionales. Necesitamos códigos de actuación que eviten prácticas abusivas y sanciones que disuadan al infractor. Es precisa una ley en Europa para la mejora de la Cadena Alimentaria, similar a la que tenemos en España, pero que vaya más allá, indexando por ley costes de producción y precios mínimos.
3. Los agricultores españoles han sufrido en sus rentas las consecuencias del incumplimiento sistemático de las condiciones de acceso establecidas en el Acuerdo de Asociación para la entrada del producto del país tercero. Ya sean en contingentes arancelarios, como en calendarios, como en precios de entrada, si las agencias de control en frontera no ponen freno desvirtúan el contenido del Acuerdo. Por el contrario, nuestras exportaciones, que cumplen con todos los requisitos, frecuentemente se ven paralizadas bajo cualquier excusa, generando en el extranjero una distorsión, tanto en valor como en imagen. Esto debe ser perseguido y denunciado.
4. La Unión Europea nos impone una serie de normas de producción que hace que nuestros productos sean los más seguros del mundo. No obstante, la propia UE permite la importación de productos de países terceros que han sido producidos con prácticas que nuestros agricultores y ganaderos tienen prohibidas. El consumidor europeo debe poder conocer de dónde y cómo han sido elaborados los alimentos que se le ofrecen.
No obstante, de poco sirve todo lo anterior si Europa, dada la inoperancia e ineptitud que han demostrado los políticos españoles para solucionar el déficit hídrico del sureste español, no asume mayor partida y competencias en la necesidad de una reestructuración hídrica en nuestro país, que contemple infraestructuras y autopistas del agua, aparque los intereses territoriales y políticos y ponga por encima la premisa de que nuestra agricultura es inapelable porque transforma el agua en alimentos para los 500 millones de ciudadanos de la UE y la población mundial.

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